Palabras a un Peregrino

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Palabras a un Peregrino


Camina por el sendero,

no huyas del torbellino,

no te alejes hacia el silencio

demasiado tiempo;

mas busca tu silencio

en la vorágine de tu alrededor.

Y si no lo encuentras,

créalo.

Camina, caminante del Amor,

por calles y avenidas

donde la indiferencia te persiga,

donde los corazones no palpiten

como lo hace el tuyo.

Sonríe cuando todo sea gris,

cuando las manos que estrechen las tuyas

estén vacías.

Sonríe al caminar,

pues no necesitas nada más,

no necesitas que otros corazones

te faciliten la tarea;

la tarea de descubrir

lo que existe dentro de tí.

No te alejes demasiado hacia montañas calladas

no huyas hacia el silencio externo.

Siente cómo palpita TU propio silencio,

el dulce sabor del vaso lleno en el vacío

del Universo.

Permite sentir que otros

podrían estar más lejos que tú

en el sendero del Amor;

permite pensar que no has llegado

como llegan ellos,

siente que el camino es arduo,

no es fácil,

nada fácil,

y por ello es maravilloso;

durante el camino, que tu corazón transite

por campos y obstáculos;

aprenderás que aquellos que parecen no sentir

lo que tu sientes,

se sorprenden a sí mismos

en su silencio

(es su secreto)

como tú tienes el tuyo.

Querido Peregrino del Amor,

no necesitas más que a Dios.

Maryam.

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Extasis


¿Dónde radica el éxtasis de la palabra? ¿En su sonido, cristalino u opaco, grave o agudo, lento o rápido? ¿Está acaso en su dibujo, sinuoso y lánguido, austero y seco, transparente y sencillo? ¿Estará, acaso, no en su sonido ni en su dibujo, sinó en la idea que nos hacemos de ella? La idea de un nombre, no dicho en voz de nadie, no escuchado por ningún hombre o mujer, no visto ni leído. Un nombre, una palabra "sentida" en nuestro espíritu, que nuestra alma pronuncia ella misma haciendo que la escuchemos dentro de nosotros. El éxtasis reside en nuestra propia alma, la que puede volar y navegar por sendas y caminos llenos de palabras y sonidos que ella les da su propia forma de "percepción". A veces, pienso en un nombre, y dentro de mí resuena. Mis lágrimas caen "solo de pensarlo". El éxtasis se confirma con la alquimia del número, la letra ideada dentro de mí, en unión con mi alma. La Alquimia.

Maryam

Poema Sufi

Me gusta, en las mañanas claras,subirme a los abismos; y, con paso lento,descender hasta las montañas. Tocar lo que no se ve; ver lo que no se toca. Sentir un respiro dentro, un respiro ajeno a mi respirar. Permanecer callada esperando que la sombra cubra mi estancia; aquella sombra se torna forma y me lleva hacia la luz.
Luz que no ciega, oscuridad que no empaña la vista. Al sentir que todo va al revés, todo entonces tiene un sentido.
Y mi miedo pasa, mi voz se acalla trayendo en su lugar palabras nuevas, sonidos que parecen ríos, que parecen mantos de semi penumbra. Y me quedo quieta, escuchando, sin saber dónde estoy, ni querer saberlo.
A veces, en las noches oscuras, veo el clarear de una estrella, y entonces recuerdo que el abismo está arriba, y la montaña, abajo.Mi espejo se torna mi yo y Tú lo vas sosteniendo, entre lienzos de cristal, para que nada lo empañe, sinó Tu mano, la que recoje en uno abismos y montañas, la que ciertamente recoge en un símbolo todas las palabras, todas las noches y los días que vivíy que ya no vivo.
Si pensar es existir, a veces, pienso que nunca existí o que morir es darme la vida. Pero es entonces cuando quizás es cuando realmente existo. En los brazos de lo ajeno, olvidándome de mi alma, permanezco viva, pues ya no me acuerdo de mí.Y sólo te veo a Tí.

Septiembre 25, 2002


Maryam